Todos pensamos que una carie es algo menor, un dolorcito molesto que se arregla con una visita al dentista… cuando haya tiempo. Pero dejar pasar ese “detallito” puede convertirse en algo mucho más serio, incluso mortal. Suena exagerado, pero no lo es.
Todo empieza con restos de comida y azúcar acumulados que alimentan a las bacterias en la boca. Estas bacterias producen ácidos que desgastan el esmalte del diente. Si no haces nada, el daño avanza hasta llegar al nervio, donde ya no hay vuelta atrás. Ahí es cuando aparece el dolor fuerte, la inflamación y, en muchos casos, un absceso: una bolsita de pus que no solo duele, sino que puede complicarse mucho.
NO DEJES DE VER EL VIDEO AL FINAL
El verdadero peligro es cuando esa infección no se queda en la boca. Las bacterias pueden pasar a la sangre y viajar por el cuerpo, provocando una condición grave llamada sepsis. Ahí ya estamos hablando de hospitalización, antibióticos fuertes, cuidados intensivos… y sí, riesgo de muerte. Personas con defensas bajas, como adultos mayores o quienes tienen diabetes, son aún más vulnerables.
Más allá del susto, una carie también puede hacerte la vida difícil: comer se vuelve doloroso, hablar cuesta trabajo, y hasta el ánimo baja por el mal aliento o la incomodidad constante.
a buena noticia: todo esto se puede evitar. Cepillarte bien, usar hilo dental, ir al dentista regularmente y no abusar del azúcar puede hacer toda la diferencia. No esperes a que duela para actuar, porque lo que parece algo simple puede complicarse de formas que nadie quiere vivir.
En resumen: cuidar tus dientes es cuidar tu salud. Una carie ignorada puede hacerte pasar un muy mal rato… o algo peor. Tu boca habla por ti, pero también te puede advertir cuando algo no está bien. Escúchala.
































